Es habitual acordarse de la vitamina C solo cuando llega el invierno y los resfriados. Pero tu cuerpo la utiliza durante todo el año.
Primavera y otoño
Los cambios de estación suelen venir acompañados de más cansancio. Un aporte constante ayuda a afrontarlos con mejor tono.
Verano
El calor, la exposición solar y la actividad al aire libre aumentan el estrés oxidativo. La vitamina C, como antioxidante, es una buena aliada.
Invierno
La época clásica: apoyo a las defensas cuando más se ponen a prueba.
La clave: continuidad
En lugar de tomarla a temporadas, incorpórala como un hábito diario. Tu cuerpo lo agradecerá los doce meses del año.